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miércoles, 5 de junio de 2013

De porqués


(Poema para leerse en voz alta)

No te mereces tu nombre porque lo llené de mil cosas y tú eres polvo, casi nada. No te mereces el nombre que tienes porque sólo con pronunciarlo me dan cosquillas en la boca y tú, tú no me provocas nada. Con tu partida te llevaste muchas cosas pero no las esenciales: las ganas, los recuerdos, las alas. Con tu partida callaste mis gritos y me permitiste lavar mi alma a lágrimas. No, no te odio por haberte ido.
No te mereces el nombre que tienes porque tu nombre ya no estaba cuando te convertiste en fantasma. No te mereces el nombre que tienes porque tu cuerpo regresó y se aprovechó de mi tristeza. Sólo un cobarde regresa después de haber dejado un alma en ruinas.
No te mereces el nombre que tienes porque tu nombre significa todo y tú no eres nada.

domingo, 26 de mayo de 2013

Aprender a soltar

(Poema para leerse en voz alta)

Si nuestra historia fuera una línea no tendría sentido. Iría y vendría, daría miles de vueltas, trataría de ser parte de otras líneas pero nunca podría dejar la cola que ya tiene detrás. Si nuestra historia fuera la línea que un lápiz dejó en el papel, el sinsentido quedaría gráficamente plasmado pero nadie entendería qué clase de línea es. O qué dibujo quería llegar a ser (las líneas siempre buscan ser algo más).

Una línea, dice la Real Academia de la Lengua Española, es una sucesión continua e indefinida de puntos en la sola dimensión de la longitud. Una historia que se cuenta en sucesiones continuas de puntos, como la nuestra, es una historia que nunca podrá soltar su pasado, no podría porque dejaría de ser línea y se convertiría en un punto. O en nada.

Por eso, soltarte significa dejar de ser esa historia ya plasmada en un papel para convertirme en el inicio (un punto) de otra línea, que puede o no, convertirse en otra cosa: una boa tragándose un elefante, quizá.

Soltarte es soltarme y no puedo. Es una de esas pocas cosas que sé, con certeza, son verdad. (También sé que es algo tristísimo).

Así que si un día te das cuenta de que eres un punto solitario, sin nada detrás y con una trayectoria incierta, no te preguntes ni dramatices el porqué. Simplemente significa que tú sí pudiste soltarme y que yo tendré que inventar otra forma de explicarnos.

Llorar en la regadera

(Poema para leerse en voz alta)


Quiero bañarme para poder llorar; llorar en público es demasiado complicado y la regadera siempre se preocupa por crear un ambiente propicio para el llanto.
Cuando lloras en la regadera no tienes que preocuparte de las lágrimas, si caen o no, el ritmo y la frecuencia en la que caen, ¡nada! Tampoco tienes que preocuparte por hacer los gestos de dolor, tipicos del llanto en público, creíbles. No, llorar en la regadera es mucho más intimo. Es llorar contigo misma sin la presión de que el maquillaje se corra estéticamente, de la posición que tu cuerpo adopta, del hombro en el que tu cabeza se va a recostar. Llorar en público requiere un alto nivel de concentración y atención a los detalles. ¡Es agotador!

Por eso yo lloro exclusivamente en la regadera, para concentrarme en ti y no en mi forma de llorar.

Necesidad de gritar

Las siguientes entradas tendrán que leerse en voz alta respetando siempre los signos de puntuación. O no.

jueves, 25 de abril de 2013

Un día quiso encontrarse con él

Iba rápido, rapidísimo como una niña.
Con ganas de dejarlo atrás pero de alcanzarlo.
Ella corría para llegar a tiempo pero también para escapar de lo que todos los libros de historia hubieran marcado como un encuentro erróneo.
El efecto fue de resorte, si no hubiera sido por las rodillas raspadas, hubiera jurado que esa caída nunca había pasado.
Eso le sucedía por andar rompiendo sus propias reglas, respirando el mismo aire, repitiendo las calles, las historias, las ganas que alguna vez habían sido tan reales.
Pero el piso como siempre, le recordó que todo lo que tenía que ver con él terminaba así: fingiendo estar bien y con las rodillas gritando a corazón abierto.
Ninguno de los dos llegó al encuentro, pero su piel le recordó que todavía podía doler.
Fingiendo que podía caminar como si nada de eso hubiera pasado, se juró no volver a jurar un nunca.

lunes, 15 de abril de 2013

Dejó la ventana abierta y la gripa entró

Así empezó todo, esas sonrisas de un día que dejan abierta la ventana le contagiaron una gripa rarísima. No sabía muy bien la política de estornudos en su departamento así que decidió bajar al café de la esquina.
Cuando el mesero le preguntó qué quería, entendió que no quería explicar cómo le gusta el café, ni el porqué no le gusta la cebolla y menos, la razón por la que nunca aceptaría un pan dulce sin que lo calentaran.
No es que no hubiera explicaciones, sólo no quería explicarlas. Corrió a su departamento segura de que el silencio nunca le iba a preguntar nada y se tomó un té.

sábado, 9 de marzo de 2013

Desaparecer es esconderse con alas

Ella no quería ser encontrada en su nuevo mundo, no quería que él viera que por fin era feliz, que había encontrado el silencio que tanto buscaba, que por fin estaba de pie, que sonreía al verse en el espejo. No, no quería que él supiera que ella siempre tendría que cargar con ella misma; no se podía dejar olvidada como él dejó olvidada una chamarra antes de irse, como él había olvidado decirle que estaba iniciando el proceso de olvidarla y como él había olvidado mencionar que había una fuga en la cocina.

Ella, la que él tanto había odiado, nunca podría dejarse a sí misma y por lo tanto, él siempre podría encontrarla.

La solución era sencilla: se volvería invisible.