Hoy, en el camión que la llevaba a ese lugar que no odiaba pero tampoco amaba, la vio. Estaba sentada hasta el fondo, con cara de que todavía no estaba del todo despierta, despeinada y con el tipo de ropa que nunca recuerdas. Mientras buscaba algo que ni ella sabía qué era, notó cómo ella (la del fondo) se paró para caminar entre la gente. Le sorprendió que nadie más la volteara a ver; era guapa y con aire de que la vida le da igual. Había algo en su forma de ver la vida que le resultó imposible no verla directo a los ojos (eran del tipo que se ven más lindos cuando lloran) justo cuando pasó a su lado para llegar a la puerta y descender al mundo. Entonces lo supo.
...
Son pocas las personas que se atreven a ver a la tristeza a los ojos. Casi todas la ven por error al dar la vuelta en una esquina, al pedirle la hora o al descender de un camión.
Qué triste ha de ser que te evadan cuando vas caminando por la calle, que todos nieguen tu existencia, que sólo te saluden cuando están solos en sus cuartos porque sólo hay una cosa peor que sentirse triste...
Estar solo.
La tristeza es una gran compañía sobre todo si más que hablar, quieres llorar.
Mar
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miércoles, 22 de abril de 2015
miércoles, 15 de octubre de 2014
Excusas para llorar
Hay algo en el ambiente que hace llorar. Las responsables son unas partículas que
–algunos científicos– han nombrado Excusas.
Se ha identificado que las Excusas crecen en flores muertas estancadas en floreros sin agua por más de una semana. Es al querer tirar las flores para lavar el florero, cuando las partículas salen al ambiente haciendo que el aire se vuelva más pesado. Al contacto con el agua y con la sal las llamadas Excusas se cristalizan. Estos cristales son los que ingresan por la nariz provocando estornudos, lágrimas (agua con sal) y ganas de no ir a trabajar.
Los llamados científicos –que no saben qué hacer– han puesto al mundo entero en estado de alerta y piden a la población abstenerse –en la medida de lo posible– de llorar, siendo el llanto un factor importante en la cristalización de las llamadas Excusas.
Las manifestaciones por defender el derecho a la libertad del llanto no se hicieron esperar y argumentan que llorar o no llorar es una decisión personal y que el hecho no puede ser obligado por el estado, ni por el ambiente.
Excusas, dicen los científicos.
Los intelectuales difieren con el nombre otorgado ciéntificamente diciendo que de científico no tiene nada y han bautizado a este fenómeno como Recuerdo. Yo – sin ninguna validez científica ni intelectual– lo llamé con tu nombre y apellido: tu recuerdo es la excusa perfecta para llorar por algo que no eres tú.
–algunos científicos– han nombrado Excusas.
Se ha identificado que las Excusas crecen en flores muertas estancadas en floreros sin agua por más de una semana. Es al querer tirar las flores para lavar el florero, cuando las partículas salen al ambiente haciendo que el aire se vuelva más pesado. Al contacto con el agua y con la sal las llamadas Excusas se cristalizan. Estos cristales son los que ingresan por la nariz provocando estornudos, lágrimas (agua con sal) y ganas de no ir a trabajar.
Los llamados científicos –que no saben qué hacer– han puesto al mundo entero en estado de alerta y piden a la población abstenerse –en la medida de lo posible– de llorar, siendo el llanto un factor importante en la cristalización de las llamadas Excusas.
Las manifestaciones por defender el derecho a la libertad del llanto no se hicieron esperar y argumentan que llorar o no llorar es una decisión personal y que el hecho no puede ser obligado por el estado, ni por el ambiente.
Excusas, dicen los científicos.
Los intelectuales difieren con el nombre otorgado ciéntificamente diciendo que de científico no tiene nada y han bautizado a este fenómeno como Recuerdo. Yo – sin ninguna validez científica ni intelectual– lo llamé con tu nombre y apellido: tu recuerdo es la excusa perfecta para llorar por algo que no eres tú.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Tiempo de guardarse
Hace mucho tiempo que el cajón estaba vacío, la tetera apagada, los floreros sin flores; la ventana ya no se acordaba de cómo se sentía estar abierta, las cortinas habían olvidado que volar era posible y el gato extrañaba tener libros abiertos en páginas de historias increíbles que le servían de almohada. Ella –por un instante– pensó que el movimiento era eterno. Lo vio como una forma de vida, como una obligación hacia este mundo que nunca frena: abrir los ojos, correr, trabajar, salir, ver, reír, beber, contar, comprar, caminar, correr, besar, regresar, volver a empezar. Pero en otro instante –al ver una gota que se negó a caer de la rama de un árbol altísimo– se acordó: una siempre se puede quedar quieta, guardada en un cajón con una taza de té de no-me-olvides, un libro abierto, un gato en las piernas, la ventana abierta y flores en el florero.
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miércoles, 10 de septiembre de 2014
Fui a la playa y cuando respiré profundo...
El mar se metió en mis venas. Lo escucho perfecto susurrándome secretos cuando pasa por mi oído. Siento el ir y venir de las olas por mis pies y a la espuma que busca cualquier excusa para salir.
El mar está adentro: la sal en la boca y en el estomago eso que sientes cuando te paras frente a él.
El mar está adentro: la sal en la boca y en el estomago eso que sientes cuando te paras frente a él.
domingo, 26 de mayo de 2013
Aprender a soltar
(Poema para leerse en voz alta)
Si nuestra historia fuera una línea no tendría sentido. Iría y vendría, daría miles de vueltas, trataría de ser parte de otras líneas pero nunca podría dejar la cola que ya tiene detrás. Si nuestra historia fuera la línea que un lápiz dejó en el papel, el sinsentido quedaría gráficamente plasmado pero nadie entendería qué clase de línea es. O qué dibujo quería llegar a ser (las líneas siempre buscan ser algo más).
Una línea, dice la Real Academia de la Lengua Española, es una sucesión continua e indefinida de puntos en la sola dimensión de la longitud. Una historia que se cuenta en sucesiones continuas de puntos, como la nuestra, es una historia que nunca podrá soltar su pasado, no podría porque dejaría de ser línea y se convertiría en un punto. O en nada.
Por eso, soltarte significa dejar de ser esa historia ya plasmada en un papel para convertirme en el inicio (un punto) de otra línea, que puede o no, convertirse en otra cosa: una boa tragándose un elefante, quizá.
Soltarte es soltarme y no puedo. Es una de esas pocas cosas que sé, con certeza, son verdad. (También sé que es algo tristísimo).
Así que si un día te das cuenta de que eres un punto solitario, sin nada detrás y con una trayectoria incierta, no te preguntes ni dramatices el porqué. Simplemente significa que tú sí pudiste soltarme y que yo tendré que inventar otra forma de explicarnos.
Si nuestra historia fuera una línea no tendría sentido. Iría y vendría, daría miles de vueltas, trataría de ser parte de otras líneas pero nunca podría dejar la cola que ya tiene detrás. Si nuestra historia fuera la línea que un lápiz dejó en el papel, el sinsentido quedaría gráficamente plasmado pero nadie entendería qué clase de línea es. O qué dibujo quería llegar a ser (las líneas siempre buscan ser algo más).
Una línea, dice la Real Academia de la Lengua Española, es una sucesión continua e indefinida de puntos en la sola dimensión de la longitud. Una historia que se cuenta en sucesiones continuas de puntos, como la nuestra, es una historia que nunca podrá soltar su pasado, no podría porque dejaría de ser línea y se convertiría en un punto. O en nada.
Por eso, soltarte significa dejar de ser esa historia ya plasmada en un papel para convertirme en el inicio (un punto) de otra línea, que puede o no, convertirse en otra cosa: una boa tragándose un elefante, quizá.
Soltarte es soltarme y no puedo. Es una de esas pocas cosas que sé, con certeza, son verdad. (También sé que es algo tristísimo).
Así que si un día te das cuenta de que eres un punto solitario, sin nada detrás y con una trayectoria incierta, no te preguntes ni dramatices el porqué. Simplemente significa que tú sí pudiste soltarme y que yo tendré que inventar otra forma de explicarnos.
Llorar en la regadera
(Poema para leerse en voz alta)
Quiero bañarme para poder llorar; llorar en público es demasiado complicado y la regadera siempre se preocupa por crear un ambiente propicio para el llanto.
Cuando lloras en la regadera no tienes que preocuparte de las lágrimas, si caen o no, el ritmo y la frecuencia en la que caen, ¡nada! Tampoco tienes que preocuparte por hacer los gestos de dolor, tipicos del llanto en público, creíbles. No, llorar en la regadera es mucho más intimo. Es llorar contigo misma sin la presión de que el maquillaje se corra estéticamente, de la posición que tu cuerpo adopta, del hombro en el que tu cabeza se va a recostar. Llorar en público requiere un alto nivel de concentración y atención a los detalles. ¡Es agotador!
Por eso yo lloro exclusivamente en la regadera, para concentrarme en ti y no en mi forma de llorar.
Quiero bañarme para poder llorar; llorar en público es demasiado complicado y la regadera siempre se preocupa por crear un ambiente propicio para el llanto.
Cuando lloras en la regadera no tienes que preocuparte de las lágrimas, si caen o no, el ritmo y la frecuencia en la que caen, ¡nada! Tampoco tienes que preocuparte por hacer los gestos de dolor, tipicos del llanto en público, creíbles. No, llorar en la regadera es mucho más intimo. Es llorar contigo misma sin la presión de que el maquillaje se corra estéticamente, de la posición que tu cuerpo adopta, del hombro en el que tu cabeza se va a recostar. Llorar en público requiere un alto nivel de concentración y atención a los detalles. ¡Es agotador!
Por eso yo lloro exclusivamente en la regadera, para concentrarme en ti y no en mi forma de llorar.
jueves, 25 de abril de 2013
Un día quiso encontrarse con él
Iba rápido, rapidísimo como una niña.
Con ganas de dejarlo atrás pero de alcanzarlo.
Ella corría para llegar a tiempo pero también para escapar de lo que todos los libros de historia hubieran marcado como un encuentro erróneo.
El efecto fue de resorte, si no hubiera sido por las rodillas raspadas, hubiera jurado que esa caída nunca había pasado.
Eso le sucedía por andar rompiendo sus propias reglas, respirando el mismo aire, repitiendo las calles, las historias, las ganas que alguna vez habían sido tan reales.
Pero el piso como siempre, le recordó que todo lo que tenía que ver con él terminaba así: fingiendo estar bien y con las rodillas gritando a corazón abierto.
Ninguno de los dos llegó al encuentro, pero su piel le recordó que todavía podía doler.
Fingiendo que podía caminar como si nada de eso hubiera pasado, se juró no volver a jurar un nunca.
Con ganas de dejarlo atrás pero de alcanzarlo.
Ella corría para llegar a tiempo pero también para escapar de lo que todos los libros de historia hubieran marcado como un encuentro erróneo.
El efecto fue de resorte, si no hubiera sido por las rodillas raspadas, hubiera jurado que esa caída nunca había pasado.
Eso le sucedía por andar rompiendo sus propias reglas, respirando el mismo aire, repitiendo las calles, las historias, las ganas que alguna vez habían sido tan reales.
Pero el piso como siempre, le recordó que todo lo que tenía que ver con él terminaba así: fingiendo estar bien y con las rodillas gritando a corazón abierto.
Ninguno de los dos llegó al encuentro, pero su piel le recordó que todavía podía doler.
Fingiendo que podía caminar como si nada de eso hubiera pasado, se juró no volver a jurar un nunca.
sábado, 9 de marzo de 2013
Desaparecer es esconderse con alas
Ella no quería ser encontrada en su nuevo mundo, no quería que él viera que por fin era feliz, que había encontrado el silencio que tanto buscaba, que por fin estaba de pie, que sonreía al verse en el espejo. No, no quería que él supiera que ella siempre tendría que cargar con ella misma; no se podía dejar olvidada como él dejó olvidada una chamarra antes de irse, como él había olvidado decirle que estaba iniciando el proceso de olvidarla y como él había olvidado mencionar que había una fuga en la cocina.
Ella, la que él tanto había odiado, nunca podría dejarse a sí misma y por lo tanto, él siempre podría encontrarla.
La solución era sencilla: se volvería invisible.
Ella, la que él tanto había odiado, nunca podría dejarse a sí misma y por lo tanto, él siempre podría encontrarla.
La solución era sencilla: se volvería invisible.
lunes, 25 de febrero de 2013
Regla #1
Ella estaba cansada de haber estado tirada en el piso tanto tiempo. Por lo tanto, de ahora en adelante: sólo subiría escaleras, nunca las bajaría.
sábado, 23 de febrero de 2013
Diario de una nueva vida
Porque hay días en los que hay que volver a empezar.
Las siguientes entradas tratarán de "ella" y de sus intentos de hacer todo otra vez.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
La historia de un pez que se comió muchos de mis miedos
Llegó un pez a mi casa.
Era muy bonito, muy chiquito y muy mojado. Incluso, cuando no estaba en la pecera.
Mi pez era niño y tenía bigotes. También era azul.
Todos los días desayunaba con nosotros, le gustaban las tostadas y el cereal. Por las noches, mi pez siempre dormía conmigo, al apagar la luz, él se encendía e iluminaba mi cuarto hermosamente. Era increíble porque yo le tengo miedo a la oscuridad y mi pez nunca me dejó perderme en ella. Yo le contaba las historias de lo que sucedía en las sombras: los fantasmas, los adioses, las abuelas que se murieron, las camas vacías, los gatos sin casa, la comida fría, las tazas rotas... y hasta un beso que nunca se besó. Puras cosas, que solo de contar, te mojan la cara.
Su pecera, poco a poco, se empezó a llenar de mis lágrimas. Él no entendía por qué me daba tanto miedo mojarme la cara con sal, ¡él siempre estaba mojado y le encantaba!
Un día, cuando desperté, él ya no estaba. Lo busqué en la tetera, en los floreros, incluso en la olla en la que mi mamá preparaba los espaguetis. Pero no. Lo encontré, ¡gigante! adentro de mi tina. Apenas cabía; en la noche había crecido tanto que ya no podía estar en ningún otro lado.
-¿Qué pasó? – Le pregunté.
-Lo que siempre pasa cuando comes demasiada sal. Quise salvarte de las sombras y tus lágrimas buscaron un nuevo hogar. Ahora las tengo yo, y por eso me volví del tamaño de tus miedos.
Entonces, volví a llorar. La sola idea de saber que él, mi pez azul, se había comido todas esas historias que provocaban que mi cara se mojara, ocasionó que una cascada saliera por mis ojos. Lloré, lloré y lloré un poco más, hasta que el agua de la tina se empezó a desbordar y él, sin poder contener más lágrimas, explotó.
Entonces entendí.
---
Inspiración
Ilustradora Doming.
Pueden ver más de su trabajo en: http://www.behance.net/gallery/Doming/5099773.

Era muy bonito, muy chiquito y muy mojado. Incluso, cuando no estaba en la pecera.
Mi pez era niño y tenía bigotes. También era azul.
Todos los días desayunaba con nosotros, le gustaban las tostadas y el cereal. Por las noches, mi pez siempre dormía conmigo, al apagar la luz, él se encendía e iluminaba mi cuarto hermosamente. Era increíble porque yo le tengo miedo a la oscuridad y mi pez nunca me dejó perderme en ella. Yo le contaba las historias de lo que sucedía en las sombras: los fantasmas, los adioses, las abuelas que se murieron, las camas vacías, los gatos sin casa, la comida fría, las tazas rotas... y hasta un beso que nunca se besó. Puras cosas, que solo de contar, te mojan la cara.
Su pecera, poco a poco, se empezó a llenar de mis lágrimas. Él no entendía por qué me daba tanto miedo mojarme la cara con sal, ¡él siempre estaba mojado y le encantaba!
Un día, cuando desperté, él ya no estaba. Lo busqué en la tetera, en los floreros, incluso en la olla en la que mi mamá preparaba los espaguetis. Pero no. Lo encontré, ¡gigante! adentro de mi tina. Apenas cabía; en la noche había crecido tanto que ya no podía estar en ningún otro lado.
-¿Qué pasó? – Le pregunté.
-Lo que siempre pasa cuando comes demasiada sal. Quise salvarte de las sombras y tus lágrimas buscaron un nuevo hogar. Ahora las tengo yo, y por eso me volví del tamaño de tus miedos.
Entonces, volví a llorar. La sola idea de saber que él, mi pez azul, se había comido todas esas historias que provocaban que mi cara se mojara, ocasionó que una cascada saliera por mis ojos. Lloré, lloré y lloré un poco más, hasta que el agua de la tina se empezó a desbordar y él, sin poder contener más lágrimas, explotó.
Entonces entendí.
---
Inspiración
Ilustradora Doming.
Pueden ver más de su trabajo en: http://www.behance.net/gallery/Doming/5099773.

lunes, 27 de agosto de 2012
De cuando una amanece con ganas de hacer cosas
Abrió los ojos a las cuatro cuarenta y seis de la mañana, tenía calor pero frío en los pies. Se sentía rara; Estaba convencida de que mientras dormía, algo en el mundo había cambiado. ¡En su mundo! Era rarísimo el sentimiento que la acompañaba: la cabeza no le dolía y sus ojos estaban secos, sus piernas no temblaban y el sudor era a causa de las sábanas y no del miedo que da cuando se pierden las ideas, sobre todo las que llegan de repente a contrarrestar las que nos joden la vida.
¿Sería que por fin ya no estaba triste?
Algo adentro de su cuerpo había sanado. Algo que estaba mal ya estaba bien. Entonces,
las ganas de salir al mundo la invadieron, quería, con todas sus fuerzas, pararse de la cama, meterse a la regadora, preparar el café, tender la cama, elegir la ropa, escribir un cuento… ¡AHHHHHHH! Todas esas cosas y las ganas, ¡las ganas de hacerlas! la aterraron.
Estar rota era su única excusa para guardarse en una caja y protegerse, para que el café estuviera frio y no le quemara la lengua, para caminar lento y no tropezarse, para llorar tanto que nunca existiera la mínima posibilidad de quedarse seca. (Ella sabía que la sequía, sería la verdadera tragedia de su vida. Se lo había dicho alguien que ya no lloraba nunca, noches atrás, en un sueño)
Es verdad que ella se había roto hace mucho tiempo, pero el hecho de que la herida se hubiera cerrado solo podía significar una cosa: era tiempo de abrir otra.
¿Sería que por fin ya no estaba triste?
Algo adentro de su cuerpo había sanado. Algo que estaba mal ya estaba bien. Entonces,
las ganas de salir al mundo la invadieron, quería, con todas sus fuerzas, pararse de la cama, meterse a la regadora, preparar el café, tender la cama, elegir la ropa, escribir un cuento… ¡AHHHHHHH! Todas esas cosas y las ganas, ¡las ganas de hacerlas! la aterraron.
Estar rota era su única excusa para guardarse en una caja y protegerse, para que el café estuviera frio y no le quemara la lengua, para caminar lento y no tropezarse, para llorar tanto que nunca existiera la mínima posibilidad de quedarse seca. (Ella sabía que la sequía, sería la verdadera tragedia de su vida. Se lo había dicho alguien que ya no lloraba nunca, noches atrás, en un sueño)
Es verdad que ella se había roto hace mucho tiempo, pero el hecho de que la herida se hubiera cerrado solo podía significar una cosa: era tiempo de abrir otra.
sábado, 7 de abril de 2012
Crecer lagrimas
El suceso más triste de tu vida todavía no ocurre.
Será el evento más profundamente triste de la historia y la vida tiene que asegurarse de que estés lista. Tienes que aprender a crecer tus propias lágrimas para que en ése segundo de tragedia (las tragedias siempre duran un segundo), no te quedes seca.
El truco está es recolectar y clasificar las lágrimas de tu vida.
Un frasco para:
lágrimas de sueños no cumplidos,
otro para las lágrimas de miedos
(hay que cuidar no mezclar su contenido con las lágrimas que caen, sin aviso y solas; ellas tienen su propio frasco).
Lágrimas de amores fallidos,
de muertes,
de “te extraños”.
Lagrimas de “no me olvides”
y de “gracias por el mejor día de mi vida”.
Una vez que tengas todas tus lágrimas (la recolección puede durar hasta cinco vidas, por eso se dice que la tristeza se hereda), hay que plantarlas y cuidarlas cual secretos: poca agua, mucha luz e historias. ¡Siempre hay que contarle historias a las lágrimas! Las hace más profundas.
Esas lágrimas, si las sabemos cuidar, se convertirán en las Orquídeas más lindas y tristes de la historia. Cada frasco será una Orquídea distinta pero todas soltarán el número exacto de las lágrimas que necesitas para sobrevivir.
Cuando el suceso más triste de la historia ocurra, sólo tendrás que clasificarlo, encontrar la Orquídea de lágrimas correspondiente (etiquetarlas desde antes puede ahorrarte valiosas horas de llanto) y rezar para que el llorar, no dure toda la vida.
jueves, 23 de febrero de 2012
Entre la silla y el techo
Querer escapar de lo gris, del polvo, de ti, de él, de todo.
Querer irme y entender, de una vez por todas, que no tengo alas.
Al menos no de esas que te llevan a lugares altos (tan altos, que te esconden de todos los que sólo pueden ver hasta la punta de su nariz). En mi espalda no existe eso. En su lugar hay dos cosas, que pueden o no, ser llamadas plumas. No me llevan lejos, a lo mucho al techo y ese no es un buen lugar para esconderse; La gente te ve raro y las lágrimas caen tan cerca del sentimiento que las acompaña, que sólo un idiota las confundiría con lluvia.
Querer irme y entender, de una vez por todas, que no tengo alas.
Al menos no de esas que te llevan a lugares altos (tan altos, que te esconden de todos los que sólo pueden ver hasta la punta de su nariz). En mi espalda no existe eso. En su lugar hay dos cosas, que pueden o no, ser llamadas plumas. No me llevan lejos, a lo mucho al techo y ese no es un buen lugar para esconderse; La gente te ve raro y las lágrimas caen tan cerca del sentimiento que las acompaña, que sólo un idiota las confundiría con lluvia.
viernes, 3 de febrero de 2012
Vestida de encaje
Ella se levantó y supo inmediatamente que se había convertido en un fantasma. Ya no se acordaba de su nombre, de su rostro y menos de sus pestañas. Había perdido totalmente la capacidad de reconocerse en una multitud y cada vez que intentaba encontrarse en el espejo, sentía unas ganas inmensas de llorar.
Supongo que no causó sorpresa que se convirtiera en un fantasma. Ella nunca fue de las que ejercen peso en el mundo y menos de las que hablan alto. Esa siempre fue la razón principal de sus despedidas.
Dicen que las cosas que valen la pena son las que tienen un peso: El cariño, los te quieros, el tan anhelado “Te amo” que cuando te cae encima es capaz de matarte. Pero ella no sabía de eso, ella sólo conocía la ligereza de sus lágrimas. Si llenaras una cubeta con aquellas gotas, sería la cubeta más ligera de la historia.
Ser ligera estaba en su esencia y esa es la clase de personas dignas de convertirse en fantasmas: Fantasmas de encaje, de besos fríos y de aire.
También se les conoce como Recuerdos.
Supongo que no causó sorpresa que se convirtiera en un fantasma. Ella nunca fue de las que ejercen peso en el mundo y menos de las que hablan alto. Esa siempre fue la razón principal de sus despedidas.
Dicen que las cosas que valen la pena son las que tienen un peso: El cariño, los te quieros, el tan anhelado “Te amo” que cuando te cae encima es capaz de matarte. Pero ella no sabía de eso, ella sólo conocía la ligereza de sus lágrimas. Si llenaras una cubeta con aquellas gotas, sería la cubeta más ligera de la historia.
Ser ligera estaba en su esencia y esa es la clase de personas dignas de convertirse en fantasmas: Fantasmas de encaje, de besos fríos y de aire.
También se les conoce como Recuerdos.
martes, 17 de enero de 2012
De lunas
Las razones por las que no duermo ya cambiaron. Ya no tienen tu cara, tu nombre, tu apellido. No, ahora tienen un aroma que me recuerda la sonrisa de la abuela. Tienen alas (sí, las razones) que me llevan a otros mundos. Mundos llenos de fantasmas y de bichos rojos y brillantes.
Sigo sin dormir, eso es cierto pero las platicas a las tres de la mañana (a veces conmigo misma, a veces con los fantasmas y casi nunca con los bichos rojos y brillantes) son mucho más lindas, relajadas e interesantes; platicar con fantasmas siempre te da la sensación de ser ligero. Y ligero siempre es mejor, si lo que se busca es volar.
Sigo sin dormir, eso es cierto pero las platicas a las tres de la mañana (a veces conmigo misma, a veces con los fantasmas y casi nunca con los bichos rojos y brillantes) son mucho más lindas, relajadas e interesantes; platicar con fantasmas siempre te da la sensación de ser ligero. Y ligero siempre es mejor, si lo que se busca es volar.
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