Hace mucho tiempo que el cajón estaba vacío, la tetera apagada, los floreros sin flores; la ventana ya no se acordaba de cómo se sentía estar abierta, las cortinas habían olvidado que volar era posible y el gato extrañaba tener libros abiertos en páginas de historias increíbles que le servían de almohada. Ella –por un instante– pensó que el movimiento era eterno. Lo vio como una forma de vida, como una obligación hacia este mundo que nunca frena: abrir los ojos, correr, trabajar, salir, ver, reír, beber, contar, comprar, caminar, correr, besar, regresar, volver a empezar. Pero en otro instante –al ver una gota que se negó a caer de la rama de un árbol altísimo– se acordó: una siempre se puede quedar quieta, guardada en un cajón con una taza de té de no-me-olvides, un libro abierto, un gato en las piernas, la ventana abierta y flores en el florero.
Mar
Mostrando entradas con la etiqueta ventana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ventana. Mostrar todas las entradas
jueves, 18 de septiembre de 2014
sábado, 7 de abril de 2012
Crecer lagrimas
El suceso más triste de tu vida todavía no ocurre.
Será el evento más profundamente triste de la historia y la vida tiene que asegurarse de que estés lista. Tienes que aprender a crecer tus propias lágrimas para que en ése segundo de tragedia (las tragedias siempre duran un segundo), no te quedes seca.
El truco está es recolectar y clasificar las lágrimas de tu vida.
Un frasco para:
lágrimas de sueños no cumplidos,
otro para las lágrimas de miedos
(hay que cuidar no mezclar su contenido con las lágrimas que caen, sin aviso y solas; ellas tienen su propio frasco).
Lágrimas de amores fallidos,
de muertes,
de “te extraños”.
Lagrimas de “no me olvides”
y de “gracias por el mejor día de mi vida”.
Una vez que tengas todas tus lágrimas (la recolección puede durar hasta cinco vidas, por eso se dice que la tristeza se hereda), hay que plantarlas y cuidarlas cual secretos: poca agua, mucha luz e historias. ¡Siempre hay que contarle historias a las lágrimas! Las hace más profundas.
Esas lágrimas, si las sabemos cuidar, se convertirán en las Orquídeas más lindas y tristes de la historia. Cada frasco será una Orquídea distinta pero todas soltarán el número exacto de las lágrimas que necesitas para sobrevivir.
Cuando el suceso más triste de la historia ocurra, sólo tendrás que clasificarlo, encontrar la Orquídea de lágrimas correspondiente (etiquetarlas desde antes puede ahorrarte valiosas horas de llanto) y rezar para que el llorar, no dure toda la vida.
martes, 20 de diciembre de 2011
Aprender a volar
Lo primero es cerrar los ojos, apretarlos con fuerza, como si el hecho de tenerlos cerrados fuera el remedio a la realidad, al odio, al rechazo. Después hay que imaginarnos. Sí, a nosotras. Imaginarnos de chiquitas. Sonriendo. Justo en el momento de completa felicidad que se siente al ver las cortinas moviéndose por el viento o al escuchar a nuestra madre gritando groserías por quemarse con la sopa. Esas memorias siempre se olvidan y son esenciales en la vida etérea. Vida de nubes y del uso opcional de zapatos, ¡es que hay unos tan lindos que sería una lástima no poder usarlos! Después…
*Tengo que advertir que la vida de las mujeres que vuelan no es tan sencilla como se puede llegar a pensar, no es solamente recorrer el mundo entero, haciendo escalas en París. Tampoco me refiero a a las ganas de cruzar la atmosfera para intentar llegar a otros planetas ¡eso es sencillo! Se aprende en los primeros meses. No, no, lo complicado radica en los fantasmas. Ellos también vuelan. El problema es que son ciegos y nosotras despistadas. Pensando en el camino para llegar a Tokio y en lo lindo que es el color del cielo a las 5:34 de la tarde, podemos chocar con uno y eso es terrible. No solamente el dolor es casi inaguantable, sino que las ganas se mueven y el veneno de los fantasmas (que no sacan por malos, sino en defensa del golpe recibido) puede ocasionar que recordemos el porqué quisimos, inicialmente, aprender a volar. Siempre es por algún amor fallido, exceso de lágrimas y ganas de huir.
Ahora sí, si conociendo esto, decides que aún quieres unirte al club de mujeres etéreas, después de imaginar, tienes que saltar.
*Tengo que advertir que la vida de las mujeres que vuelan no es tan sencilla como se puede llegar a pensar, no es solamente recorrer el mundo entero, haciendo escalas en París. Tampoco me refiero a a las ganas de cruzar la atmosfera para intentar llegar a otros planetas ¡eso es sencillo! Se aprende en los primeros meses. No, no, lo complicado radica en los fantasmas. Ellos también vuelan. El problema es que son ciegos y nosotras despistadas. Pensando en el camino para llegar a Tokio y en lo lindo que es el color del cielo a las 5:34 de la tarde, podemos chocar con uno y eso es terrible. No solamente el dolor es casi inaguantable, sino que las ganas se mueven y el veneno de los fantasmas (que no sacan por malos, sino en defensa del golpe recibido) puede ocasionar que recordemos el porqué quisimos, inicialmente, aprender a volar. Siempre es por algún amor fallido, exceso de lágrimas y ganas de huir.
Ahora sí, si conociendo esto, decides que aún quieres unirte al club de mujeres etéreas, después de imaginar, tienes que saltar.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Polvo
Mi casa fue tomada por el polvo. Es demasiado y muy oscuro. Pesa en el alma. Ya abrí las ventanas, saqué la aspiradora ¿qué más puedo hacer para que se vaya?
Le grité: ¡vete! y le lloré 3456 lágrimas para ver si se hartaba.
Se apoderó de cada rincón y de cada cajón. Las puertas hay que empujarlas porque el polvo es tanto, que no te deja entrar a las habitaciones, de salir mejor ni hablar. En la mañanas renuncié al café, el polvo se metió en la taza roja y es casi imposible diluirlo con el agua. Mi ropa es gris y los espejos no reflejan. El polvo cada día se vuelva más y esconde las fotografías, las cartas, los recuerdos que lastiman.
Quizás algún día no me deje respirar y entonces sí, saltaré por la ventana. ¡volar!
Etiquetas:
de cosas que una cree que tiene que explicar,
de soplidos,
gris,
noche,
ventana
domingo, 31 de julio de 2011
Enamorada de un fantasma
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde
filoso de la noche.
Alejandra Pizarnik
Ella se enamoró del toque de sus manos invisibles. Amaba sentir sus suspiros.
Él la enamoró con la promesa de siempre. La que nunca se cumple.
El sexo era increíble; le fascinaba ver como volaba su vestido, las medias, los calzones. El sudor provocado por la levedad de un cuerpo ausente. El roce del viento: arañazos en su espalda. El orgasmo llegaba de repente, sin aviso.
Siempre.
Casi podían jurar que soñaban lo mismo. Casi porque él no soñaba.
Ella estaba segura de que, por esta vez, no iba a salir lastimada. No concebía la idea de que algo sin cuerpo y sin palabras pudiera irse y abandonarla.
Pero lo hizo. Una noche de ventanas abiertas el fantasma se fue siguiendo un pájaro. Siempre son los pájaros los que se roban las sonrisas que anteceden los suspiros,
(provocan demasiada tentación. Son las alas).
Ella sigue enamorada. No está completamente enterada del abandono que sufre por la estupidez de haber dejado abierta la ventana. Pero empezó a doler y siempre llueve. La ropa ya no vuela y el orgasmo llega,
sólo a veces,
casi nunca,
cuando se mueven las cortinas.
Alejandra Pizarnik
Ella se enamoró del toque de sus manos invisibles. Amaba sentir sus suspiros.
Él la enamoró con la promesa de siempre. La que nunca se cumple.
El sexo era increíble; le fascinaba ver como volaba su vestido, las medias, los calzones. El sudor provocado por la levedad de un cuerpo ausente. El roce del viento: arañazos en su espalda. El orgasmo llegaba de repente, sin aviso.
Siempre.
Casi podían jurar que soñaban lo mismo. Casi porque él no soñaba.
Ella estaba segura de que, por esta vez, no iba a salir lastimada. No concebía la idea de que algo sin cuerpo y sin palabras pudiera irse y abandonarla.
Pero lo hizo. Una noche de ventanas abiertas el fantasma se fue siguiendo un pájaro. Siempre son los pájaros los que se roban las sonrisas que anteceden los suspiros,
(provocan demasiada tentación. Son las alas).
Ella sigue enamorada. No está completamente enterada del abandono que sufre por la estupidez de haber dejado abierta la ventana. Pero empezó a doler y siempre llueve. La ropa ya no vuela y el orgasmo llega,
sólo a veces,
casi nunca,
cuando se mueven las cortinas.
Etiquetas:
alas,
de las cosas que una hace para saberse distinta,
de soplidos,
desnuda,
frío,
pájaros,
soledades,
ventana
martes, 7 de julio de 2009
Primeros rayos de sol
Caminé desnuda resguarda por cuatro paredes, una puerta y un pedazo de tela que hace a veces de cortina.
Un cuarto oscuro que sirve de escondite ante las miradas de frente que tanto asustan.
Tú fingías dormir pero me espiabas.
Me entretuve mirando por la ventana, jugando con cortinas, viendo la niebla de afuera.
y es que sabía que mirabas por los párpados de una ventana aparentemente cerrada.
¡Qué ironía!
Yo que adoro que me veas y sólo lo hago escondida tras las telas, tras la luz que provoca un efecto de sombra.
Tú adoras verme y entonces: espías tras pestañas, sábanas y oscuros.
Qué dichosa sería la vida si la gente caminará desnuda por las calles:
casas sin puertas
ojos sin ventanas
camas sin sábanas.
Pero entonces no tendría el placer de sentirme deseada,
de saber que mi cuerpo te despierta pero que también se calla, se esconde y logra provocar lo imposible: un rayo de luz que se cuela desde la cama.
Sábanas que observan, que desean
y yo
en la ventana.
Un cuarto oscuro que sirve de escondite ante las miradas de frente que tanto asustan.
Tú fingías dormir pero me espiabas.
Me entretuve mirando por la ventana, jugando con cortinas, viendo la niebla de afuera.
y es que sabía que mirabas por los párpados de una ventana aparentemente cerrada.
¡Qué ironía!
Yo que adoro que me veas y sólo lo hago escondida tras las telas, tras la luz que provoca un efecto de sombra.
Tú adoras verme y entonces: espías tras pestañas, sábanas y oscuros.
Qué dichosa sería la vida si la gente caminará desnuda por las calles:
casas sin puertas
ojos sin ventanas
camas sin sábanas.
Pero entonces no tendría el placer de sentirme deseada,
de saber que mi cuerpo te despierta pero que también se calla, se esconde y logra provocar lo imposible: un rayo de luz que se cuela desde la cama.
Sábanas que observan, que desean
y yo
en la ventana.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)