El sol decidió no irse. Está ahí –eterno– robándole tiempo a la luna, robándole su momento de estar. Los días duran eternidades y ya casi no hay tiempo para dormir ni para encontrar lo que se perdió entre las sábanas.
Un té de azar entre las manos no es cosa de días sino de noches y yo…
yo ya no encuentro mis noches. Mi vida es de día, llena de luz, clarísima. Mi vida es tan de hacer cosas que nunca terminan de pedirte que las hagas; las cosas necesitan que las hagas.
–¿Cómo no vas a salir a hacer cosas, si hay luz y no hay lluvia? ¡Qué tonta!
Y es que la luz es tanta que tengo que entrecerrar mi ojos perdiendo de vista a las excusas que me permiten decir: hoy me quedo aquí, perdida entre sábanas con un té de azar entre las manos y haciendo nada.
La luna no me necesita.
Mar
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martes, 20 de enero de 2015
lunes, 27 de agosto de 2012
De cuando una amanece con ganas de hacer cosas
Abrió los ojos a las cuatro cuarenta y seis de la mañana, tenía calor pero frío en los pies. Se sentía rara; Estaba convencida de que mientras dormía, algo en el mundo había cambiado. ¡En su mundo! Era rarísimo el sentimiento que la acompañaba: la cabeza no le dolía y sus ojos estaban secos, sus piernas no temblaban y el sudor era a causa de las sábanas y no del miedo que da cuando se pierden las ideas, sobre todo las que llegan de repente a contrarrestar las que nos joden la vida.
¿Sería que por fin ya no estaba triste?
Algo adentro de su cuerpo había sanado. Algo que estaba mal ya estaba bien. Entonces,
las ganas de salir al mundo la invadieron, quería, con todas sus fuerzas, pararse de la cama, meterse a la regadora, preparar el café, tender la cama, elegir la ropa, escribir un cuento… ¡AHHHHHHH! Todas esas cosas y las ganas, ¡las ganas de hacerlas! la aterraron.
Estar rota era su única excusa para guardarse en una caja y protegerse, para que el café estuviera frio y no le quemara la lengua, para caminar lento y no tropezarse, para llorar tanto que nunca existiera la mínima posibilidad de quedarse seca. (Ella sabía que la sequía, sería la verdadera tragedia de su vida. Se lo había dicho alguien que ya no lloraba nunca, noches atrás, en un sueño)
Es verdad que ella se había roto hace mucho tiempo, pero el hecho de que la herida se hubiera cerrado solo podía significar una cosa: era tiempo de abrir otra.
¿Sería que por fin ya no estaba triste?
Algo adentro de su cuerpo había sanado. Algo que estaba mal ya estaba bien. Entonces,
las ganas de salir al mundo la invadieron, quería, con todas sus fuerzas, pararse de la cama, meterse a la regadora, preparar el café, tender la cama, elegir la ropa, escribir un cuento… ¡AHHHHHHH! Todas esas cosas y las ganas, ¡las ganas de hacerlas! la aterraron.
Estar rota era su única excusa para guardarse en una caja y protegerse, para que el café estuviera frio y no le quemara la lengua, para caminar lento y no tropezarse, para llorar tanto que nunca existiera la mínima posibilidad de quedarse seca. (Ella sabía que la sequía, sería la verdadera tragedia de su vida. Se lo había dicho alguien que ya no lloraba nunca, noches atrás, en un sueño)
Es verdad que ella se había roto hace mucho tiempo, pero el hecho de que la herida se hubiera cerrado solo podía significar una cosa: era tiempo de abrir otra.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Despedidas
Nadie entiende por qué es tan difícil para ella despedirse de sus fantasmas. Por qué, antes de cerrar los ojos y ofrecerse a la lucha de dormir o no dormir, les da las buenas noches. El mundo le sigue explicando que no es bueno darles de beber tanto; alcanzan tamaños inauditos y luego ya no se pueden esconder debajo de la cama o de la almohada. ¡Niña! los fantasmas son de uno, propios, personales. Son como un secreto: deben de mantener el tamaño justo para esconderse con facilidad.
Ella no entiende por qué quiere tanto a sus fantasmas, a uno en particular que desde muy niña, la hace llorar casi diario,
a veces no.
Quizá porque crecieron juntos: el fantasma que nació del miedo a quedarse sola y ese miedo es el primer miedo que se siente.
Nadie entiende por qué ciertas noches ella abre la ventana en espera de ese movimiento de cortinas que anuncia que entraron a su cuarto, a su cama y que el grito y el suspiro no tardan. Tampoco las lágrimas.
Los fantasmas nacen y como cualquiera, son pequeños y no asustan. El problema es que los deja crecer: los alimenta, los arropa, les cuenta historias para que nunca la dejen.
(tiempo para un adiós)
Lo extrañará (extrañar es muy de ella).
Pero es que creció tanto...
que explotó.
Ella no entiende por qué quiere tanto a sus fantasmas, a uno en particular que desde muy niña, la hace llorar casi diario,
a veces no.
Quizá porque crecieron juntos: el fantasma que nació del miedo a quedarse sola y ese miedo es el primer miedo que se siente.
Nadie entiende por qué ciertas noches ella abre la ventana en espera de ese movimiento de cortinas que anuncia que entraron a su cuarto, a su cama y que el grito y el suspiro no tardan. Tampoco las lágrimas.
Los fantasmas nacen y como cualquiera, son pequeños y no asustan. El problema es que los deja crecer: los alimenta, los arropa, les cuenta historias para que nunca la dejen.
(tiempo para un adiós)
Lo extrañará (extrañar es muy de ella).
Pero es que creció tanto...
que explotó.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Polvo
Mi casa fue tomada por el polvo. Es demasiado y muy oscuro. Pesa en el alma. Ya abrí las ventanas, saqué la aspiradora ¿qué más puedo hacer para que se vaya?
Le grité: ¡vete! y le lloré 3456 lágrimas para ver si se hartaba.
Se apoderó de cada rincón y de cada cajón. Las puertas hay que empujarlas porque el polvo es tanto, que no te deja entrar a las habitaciones, de salir mejor ni hablar. En la mañanas renuncié al café, el polvo se metió en la taza roja y es casi imposible diluirlo con el agua. Mi ropa es gris y los espejos no reflejan. El polvo cada día se vuelva más y esconde las fotografías, las cartas, los recuerdos que lastiman.
Quizás algún día no me deje respirar y entonces sí, saltaré por la ventana. ¡volar!
Etiquetas:
de cosas que una cree que tiene que explicar,
de soplidos,
gris,
noche,
ventana
lunes, 23 de mayo de 2011
Supongo que es normal no dormir hoy
Supongo que tengo que empezar por regarme. Agua salada para que la piel este más suave, para que las hojas vuelvan a crecer. Más limpia de gestos un poco amargos, un poco feos. Supongo que es normal no volar. No volar esta noche porque no quiero, porque necesito estar quieta, entender la tristeza que tan injustamente plantaste en mi estomago. Ella, o sea yo, no es experta en revivir mariposas, pero resulta que después de vomitarlas, una puede dormir tranquila. Al menos por un rato, no ahorita.
Pero a ella, o sea a mí, no le gusta estar tan cerca del piso. Le resulta cansadísimo ver las cosas de una perspectiva tan normal, tan de ojos. Tan cliché. A todos nos rompen el corazón. Al mío que le pongan mostaza, que lo mastiquen despacio. Mi corazón está hecho para morir en la boca de alguien que se tomó el tiempo de quitar las hojas, la armadura, el vestido. Alguien que entienda lo bello de lo frágil y lo sencillo de arrancar, de romper, de dañar.
¿Acaso la tristeza es la misma para todas? Una señora que va cambiando de cuerpo día a día. Se cambia cuando ya es demasiado, cuando es tanta que ya no queda más que empezar a reír, a soñar, a enseñarle a las raíces a volar (aunque sea por un rato, lo que dura la ausencia).
Supongo que es normal no querer moverse, desaparecer un rato. Esconderse. A ella, la del espejo, le gusta ver los ojos llorosos: un poco de otro tono, de una belleza diferente. Pero a ella, la que no duerme, le gusta cerrarlos y esperar a que, al igual que un parpadeo, las lágrimas se vayan y ya no sea tiempo de regar sino de florecer.
Pero a ella, o sea a mí, no le gusta estar tan cerca del piso. Le resulta cansadísimo ver las cosas de una perspectiva tan normal, tan de ojos. Tan cliché. A todos nos rompen el corazón. Al mío que le pongan mostaza, que lo mastiquen despacio. Mi corazón está hecho para morir en la boca de alguien que se tomó el tiempo de quitar las hojas, la armadura, el vestido. Alguien que entienda lo bello de lo frágil y lo sencillo de arrancar, de romper, de dañar.
¿Acaso la tristeza es la misma para todas? Una señora que va cambiando de cuerpo día a día. Se cambia cuando ya es demasiado, cuando es tanta que ya no queda más que empezar a reír, a soñar, a enseñarle a las raíces a volar (aunque sea por un rato, lo que dura la ausencia).
Supongo que es normal no querer moverse, desaparecer un rato. Esconderse. A ella, la del espejo, le gusta ver los ojos llorosos: un poco de otro tono, de una belleza diferente. Pero a ella, la que no duerme, le gusta cerrarlos y esperar a que, al igual que un parpadeo, las lágrimas se vayan y ya no sea tiempo de regar sino de florecer.
Etiquetas:
de las cosas que una hace para saberse distinta,
noche
lunes, 31 de enero de 2011
Proceso de construcción
(porque hay noches en las que hay que construir)
Empezar con limpiar lágrimas pasadas (hay una cubeta especial para eso que cabe perfectamente en lo más profundo del closet y se consigue es cualquier tlapalería).
Recorrer los cajones de la conciencia (normalmente están llenos de polvo de recuerdos: hay que quedarse sólo con los bonitos y uno o dos malos que recuerden el porqué hay que volverse a construir).
El siguiente paso es complicado pero con un poco de esfuerzo se puede lograr: hay que quitarse las plantas de los píes y sustituirlas por nuevas que estén dispuestas a encontrar nuevos caminos (quedarnos mucho tiempo con las mismas puede resultar en nuestra contra porque suelen hacerse de rutinas)
Inmediatamente después hay que sanar los raspones de las rodillas, ponerles un poco de crema y decirles dos que tres palabras lindas (hay que tener siempre a las rodillas contentas).
Después hay que vaciar el estomago de las mariposas muertas para dejar espacio a las nuevas. Jarabe para que la voz no esté ronca. Se recomienda comprar lentes (los hay es versión invisible) de perspectivas diferentes y el toque final es cepillar el cabello (un cabello cepillado siempre ayuda).
*El proceso nunca dura lo mismo; a veces toma una noche y a veces cincuenta. Lo que sí es que hablar con alguien (de preferencia de confianza) siempre ayuda a entender cuándo es importante empezar.
Empezar con limpiar lágrimas pasadas (hay una cubeta especial para eso que cabe perfectamente en lo más profundo del closet y se consigue es cualquier tlapalería).
Recorrer los cajones de la conciencia (normalmente están llenos de polvo de recuerdos: hay que quedarse sólo con los bonitos y uno o dos malos que recuerden el porqué hay que volverse a construir).
El siguiente paso es complicado pero con un poco de esfuerzo se puede lograr: hay que quitarse las plantas de los píes y sustituirlas por nuevas que estén dispuestas a encontrar nuevos caminos (quedarnos mucho tiempo con las mismas puede resultar en nuestra contra porque suelen hacerse de rutinas)
Inmediatamente después hay que sanar los raspones de las rodillas, ponerles un poco de crema y decirles dos que tres palabras lindas (hay que tener siempre a las rodillas contentas).
Después hay que vaciar el estomago de las mariposas muertas para dejar espacio a las nuevas. Jarabe para que la voz no esté ronca. Se recomienda comprar lentes (los hay es versión invisible) de perspectivas diferentes y el toque final es cepillar el cabello (un cabello cepillado siempre ayuda).
*El proceso nunca dura lo mismo; a veces toma una noche y a veces cincuenta. Lo que sí es que hablar con alguien (de preferencia de confianza) siempre ayuda a entender cuándo es importante empezar.
jueves, 27 de enero de 2011
Categorías del polvo
Me he dedicado a catalogar el polvo
Hasta hoy:
-polvo de fotografías viejas
-polvo de cajones cerrados
-polvo de esquina
-polvo de abajo de la cama
-polvo de viaje
-polvo de libros
-polvo de ventana
-polvo de cortina
-polvo triste
-polvo sucio
-polvo que nos hace sentir no tan solos
-polvo invisible
-polvo de adentro del zapato
-polvo de carta
-polvo tuyo
-polvo de otro
-polvo de mesa
-polvo de silla
-polvo de repisa muy alta
-polvo del adorno de la abuela
-polvo de marco sin foto
-polvo de caja
-polvo de afuera
-polvo de adentro
-polvo de escondite
-polvo de cajita
-polvo de puertas
-polvo enamorado
-polvo de adioses
Hasta hoy:
-polvo de fotografías viejas
-polvo de cajones cerrados
-polvo de esquina
-polvo de abajo de la cama
-polvo de viaje
-polvo de libros
-polvo de ventana
-polvo de cortina
-polvo triste
-polvo sucio
-polvo que nos hace sentir no tan solos
-polvo invisible
-polvo de adentro del zapato
-polvo de carta
-polvo tuyo
-polvo de otro
-polvo de mesa
-polvo de silla
-polvo de repisa muy alta
-polvo del adorno de la abuela
-polvo de marco sin foto
-polvo de caja
-polvo de afuera
-polvo de adentro
-polvo de escondite
-polvo de cajita
-polvo de puertas
-polvo enamorado
-polvo de adioses
miércoles, 23 de junio de 2010
Corriendo en círculos
Círculo I
La carrera empieza y fijo la meta: el inicio.
Círculo II
Le pongo un sentido a cada paso, discurso interno acerca de lo excelentes que son la repeticiones para el alma.
Círculo III
Se me ocurre alzar la vista para ver al sol y me encuentro con la luna. La luna siempre aparece cuando no la busco, cuando necesito un respiro y no puedo cerrar los ojos. Una huelga de parpados que se niegan al descanso, se niegan porque piensan en problemas que corren a su vez en círculos menos grandes y en el aire.
Círculo IV
Lunática.
Círculo V
Bajo la velocidad, me estoy mareando; La luna siempre trae consigo las mareas.
Círculo VI
Cada paso cuesta y mis raíces ejercen resistencia. Correr en círculos eleva y hoy, hoy mis raíces me jalan a la tierra. Cada paso es más difícil pero el inicio queda lejos y una tiene que iniciar.
Círculo VII
Tiempo para un respiro no muy largo
Círculo VIII
El inicio se ve cerca (otra vez), distinto del primero pero más cercano.
Círculo IX
Me siento a llorar. Perdí el comienzo; no sé cuál es el principio ni el final. Desorientada en lo conocido de mi mundo. Veo al cielo buscando la luna y está lleno de luciérnagas.
Círculo X
Calma aunque sigo perdida… Las luciérnagas me alumbran la circunferencia del camino. El inicio no debe estar muy lejos.
Círculo XI
La carrera continúa y fijo la meta: el inicio.
La carrera empieza y fijo la meta: el inicio.
Círculo II
Le pongo un sentido a cada paso, discurso interno acerca de lo excelentes que son la repeticiones para el alma.
Círculo III
Se me ocurre alzar la vista para ver al sol y me encuentro con la luna. La luna siempre aparece cuando no la busco, cuando necesito un respiro y no puedo cerrar los ojos. Una huelga de parpados que se niegan al descanso, se niegan porque piensan en problemas que corren a su vez en círculos menos grandes y en el aire.
Círculo IV
Lunática.
Círculo V
Bajo la velocidad, me estoy mareando; La luna siempre trae consigo las mareas.
Círculo VI
Cada paso cuesta y mis raíces ejercen resistencia. Correr en círculos eleva y hoy, hoy mis raíces me jalan a la tierra. Cada paso es más difícil pero el inicio queda lejos y una tiene que iniciar.
Círculo VII
Tiempo para un respiro no muy largo
Círculo VIII
El inicio se ve cerca (otra vez), distinto del primero pero más cercano.
Círculo IX
Me siento a llorar. Perdí el comienzo; no sé cuál es el principio ni el final. Desorientada en lo conocido de mi mundo. Veo al cielo buscando la luna y está lleno de luciérnagas.
Círculo X
Calma aunque sigo perdida… Las luciérnagas me alumbran la circunferencia del camino. El inicio no debe estar muy lejos.
Círculo XI
La carrera continúa y fijo la meta: el inicio.
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