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jueves, 23 de enero de 2014

Tu vida adentro

No puedes mirar a la muerte, y verla a través de lágrimas.  No trates de sacarle explicaciones con la nariz llena de mocos y palabras atoradas en la garganta. Ella sólo se reirá en tu cara, y para comprobar lo pequeño que es el llanto, irá a matar a alguien como a tu hermano.

 

Con la muerte no platicas. Cuando veas a la muerte cerca, saca un vestido bonito del clóset y cierra todas las puertas: estómago duro, dientes y puños apretados; tu vida adentro—bien guardada—, y la boca cerrada (no vaya a ser que se escape en palabras).  

 

No puedes mirar a la muerte, pero puedes enseñarle que tú sigues viva; y el hecho de que se lo lleve a él no lo cambia, al menos, por ahorita.

 

lunes, 30 de diciembre de 2013

Respirar abajo del agua

Fragmento del libro que que todavía sigue en mi cabeza: "Mantequilla para el alma o una serie de poemas que no son poemas para niñas que pueden no ser niñas, algunas, frustradas"


Madurar es entender que no quieres ser sirena. Que aunque sea más normal, prefieres tener piernas, tobillos, muslos, sexo. Madurar es entender que no tienes que luchar contra las olas para llegar a tu casa. Que aunque duela, el amor no se mete en jaulas ni se persigue (madurar es aprender que a tus rodillas hay que quererlas más que a sus besos). Madurar es aprender que tu cuerpo no es su cuerpo, que tu mano está completa sin la suya, que tus ganas son tuyas y que saber respirar abajo del agua no hará que los besos duren más. Madurar es saber que los amores eternos duran dos años pero que puedes tener más de uno, a veces, con la misma persona. Madurar es saber que el mundo se camina y que son tus piernas y no la espuma del mar, las que te llevan.

miércoles, 5 de junio de 2013

De porqués


(Poema para leerse en voz alta)

No te mereces tu nombre porque lo llené de mil cosas y tú eres polvo, casi nada. No te mereces el nombre que tienes porque sólo con pronunciarlo me dan cosquillas en la boca y tú, tú no me provocas nada. Con tu partida te llevaste muchas cosas pero no las esenciales: las ganas, los recuerdos, las alas. Con tu partida callaste mis gritos y me permitiste lavar mi alma a lágrimas. No, no te odio por haberte ido.
No te mereces el nombre que tienes porque tu nombre ya no estaba cuando te convertiste en fantasma. No te mereces el nombre que tienes porque tu cuerpo regresó y se aprovechó de mi tristeza. Sólo un cobarde regresa después de haber dejado un alma en ruinas.
No te mereces el nombre que tienes porque tu nombre significa todo y tú no eres nada.

domingo, 26 de mayo de 2013

Aprender a soltar

(Poema para leerse en voz alta)

Si nuestra historia fuera una línea no tendría sentido. Iría y vendría, daría miles de vueltas, trataría de ser parte de otras líneas pero nunca podría dejar la cola que ya tiene detrás. Si nuestra historia fuera la línea que un lápiz dejó en el papel, el sinsentido quedaría gráficamente plasmado pero nadie entendería qué clase de línea es. O qué dibujo quería llegar a ser (las líneas siempre buscan ser algo más).

Una línea, dice la Real Academia de la Lengua Española, es una sucesión continua e indefinida de puntos en la sola dimensión de la longitud. Una historia que se cuenta en sucesiones continuas de puntos, como la nuestra, es una historia que nunca podrá soltar su pasado, no podría porque dejaría de ser línea y se convertiría en un punto. O en nada.

Por eso, soltarte significa dejar de ser esa historia ya plasmada en un papel para convertirme en el inicio (un punto) de otra línea, que puede o no, convertirse en otra cosa: una boa tragándose un elefante, quizá.

Soltarte es soltarme y no puedo. Es una de esas pocas cosas que sé, con certeza, son verdad. (También sé que es algo tristísimo).

Así que si un día te das cuenta de que eres un punto solitario, sin nada detrás y con una trayectoria incierta, no te preguntes ni dramatices el porqué. Simplemente significa que tú sí pudiste soltarme y que yo tendré que inventar otra forma de explicarnos.

Llorar en la regadera

(Poema para leerse en voz alta)


Quiero bañarme para poder llorar; llorar en público es demasiado complicado y la regadera siempre se preocupa por crear un ambiente propicio para el llanto.
Cuando lloras en la regadera no tienes que preocuparte de las lágrimas, si caen o no, el ritmo y la frecuencia en la que caen, ¡nada! Tampoco tienes que preocuparte por hacer los gestos de dolor, tipicos del llanto en público, creíbles. No, llorar en la regadera es mucho más intimo. Es llorar contigo misma sin la presión de que el maquillaje se corra estéticamente, de la posición que tu cuerpo adopta, del hombro en el que tu cabeza se va a recostar. Llorar en público requiere un alto nivel de concentración y atención a los detalles. ¡Es agotador!

Por eso yo lloro exclusivamente en la regadera, para concentrarme en ti y no en mi forma de llorar.

Necesidad de gritar

Las siguientes entradas tendrán que leerse en voz alta respetando siempre los signos de puntuación. O no.

jueves, 25 de abril de 2013

Un día quiso encontrarse con él

Iba rápido, rapidísimo como una niña.
Con ganas de dejarlo atrás pero de alcanzarlo.
Ella corría para llegar a tiempo pero también para escapar de lo que todos los libros de historia hubieran marcado como un encuentro erróneo.
El efecto fue de resorte, si no hubiera sido por las rodillas raspadas, hubiera jurado que esa caída nunca había pasado.
Eso le sucedía por andar rompiendo sus propias reglas, respirando el mismo aire, repitiendo las calles, las historias, las ganas que alguna vez habían sido tan reales.
Pero el piso como siempre, le recordó que todo lo que tenía que ver con él terminaba así: fingiendo estar bien y con las rodillas gritando a corazón abierto.
Ninguno de los dos llegó al encuentro, pero su piel le recordó que todavía podía doler.
Fingiendo que podía caminar como si nada de eso hubiera pasado, se juró no volver a jurar un nunca.