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lunes, 31 de enero de 2011

Proceso de construcción

(porque hay noches en las que hay que construir)


Empezar con limpiar lágrimas pasadas (hay una cubeta especial para eso que cabe perfectamente en lo más profundo del closet y se consigue es cualquier tlapalería).
Recorrer los cajones de la conciencia (normalmente están llenos de polvo de recuerdos: hay que quedarse sólo con los bonitos y uno o dos malos que recuerden el porqué hay que volverse a construir).
El siguiente paso es complicado pero con un poco de esfuerzo se puede lograr: hay que quitarse las plantas de los píes y sustituirlas por nuevas que estén dispuestas a encontrar nuevos caminos (quedarnos mucho tiempo con las mismas puede resultar en nuestra contra porque suelen hacerse de rutinas)
Inmediatamente después hay que sanar los raspones de las rodillas, ponerles un poco de crema y decirles dos que tres palabras lindas (hay que tener siempre a las rodillas contentas).
Después hay que vaciar el estomago de las mariposas muertas para dejar espacio a las nuevas. Jarabe para que la voz no esté ronca. Se recomienda comprar lentes (los hay es versión invisible) de perspectivas diferentes y el toque final es cepillar el cabello (un cabello cepillado siempre ayuda).


*El proceso nunca dura lo mismo; a veces toma una noche y a veces cincuenta. Lo que sí es que hablar con alguien (de preferencia de confianza) siempre ayuda a entender cuándo es importante empezar.

jueves, 27 de enero de 2011

Categorías del polvo

Me he dedicado a catalogar el polvo

Hasta hoy:

-polvo de fotografías viejas
-polvo de cajones cerrados
-polvo de esquina
-polvo de abajo de la cama
-polvo de viaje
-polvo de libros
-polvo de ventana
-polvo de cortina
-polvo triste
-polvo sucio
-polvo que nos hace sentir no tan solos
-polvo invisible
-polvo de adentro del zapato
-polvo de carta
-polvo tuyo
-polvo de otro
-polvo de mesa
-polvo de silla
-polvo de repisa muy alta
-polvo del adorno de la abuela
-polvo de marco sin foto
-polvo de caja
-polvo de afuera
-polvo de adentro
-polvo de escondite
-polvo de cajita
-polvo de puertas
-polvo enamorado
-polvo de adioses

sábado, 2 de octubre de 2010

Un dolor de cabeza

es el teléfono a la mitad de un sueño
es el humo de un cigarro en el elevador
es el despertador a las seis de la mañana
es no encontrar las llaves
es la impaciencia
es un libro para niños sin dibujos
es el grito de un regaño
es un "te-lo-dije"
es un error de solución sumamente complicada
es querer cruzar el mar y ser alergica a la sal
es estrellarse en una puerta transparente
es tener sed en el metro
es querer llegar y no encontrar la calle
es querer perderse y no caber el ropero de la abuela
es hablar con un borracho
es hacer una fila interminable
es querer dormir parada
es saber que hay un monstruo debajo de la cama
es creer en algo y que te digan que no existe



Un dolor de cabeza es una excusa perfecta

martes, 7 de septiembre de 2010

Tira de alcachofas (o intento fallido de recrear esas tiras de fotos instantáneas)

En espera del tiempo de mandarinas

Estoy esperando que los días se sientan diferentes, que el aire sepa dulce y la tierra adquiera tintes de amarillo con naranja. Estoy esperando que respirar no duela y que al exhalar, ese olor de mandarinas, invada mi cuerpo y saque el humo de tristeza que me ataca en estos tiempos. Tiempos de fruta podrida y pestilente, fruta gris que sabe amarga y no provoca ese gusto… tan de mandarinas.
Estoy esperando que esas semillas, que planté hace un año, germinen en bolas llenas de gajos, poemas y cuentos que pintan un día no tan malo.
En espera de tiempos más coloridos, donde una casa roja se riegue con el líquido jacarandesco del árbol de enfrente; tiempos más jugosos, más mojados (mojados no de sal, sino de mandarinas).






(imaginar una mandarina)

miércoles, 25 de agosto de 2010

Días de pestañas caídas

Hay días en los que una se despierta sin nociones. Hay días…
Cuando el sueño que viviste se vuelve borroso, difuso, neblinoso, cuando el sueño se pierde cual kilómetro de una carretera olvidada y sin destino. Hay días en las que simplemente no se sabe, no se entiende, no se quiere. Días sin fecha, días perdidos en inventos de noche, en callejones de luciérnagas. Un rayo de sol que se extravía en la taza de café que no despierta.
Días en los que no importa enchinarse las pestañas y ponerse los tacones que levantan el ánimo no sirve. La secadora de pelo moja con sus lágrimas, y las planchas histéricas arrugan los vestidos de flores marchitas que apenas ayer estaban en primavera.
Hay días en los que caminar resulta ajeno y el azúcar sabe a sal; días en en que subir escaleras no te lleva a ningún lado y bajarlas te lleva a pensar en alguien que no existe. Un muerto, quizás.

viernes, 9 de julio de 2010

Deseos de ciudad

Desear (de deseo)
1. tr. Aspirar con vehemencia al conocimiento, posesión o disfrute de algo.
2. tr. Anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso.
3. tr. Sentir apetencia sexual hacia alguien.


La gente de ciudad somos especimenes raros; caminamos con prisa (aunque no la tengamos) y tenemos llaveros con 40 mil 500 llaves que en realidad no nos llevan a 40 mil 500 lugares. Somos raros, nos gusta el caos, el ruido y el tráfico (sí, sí… aunque nos quejemos, la gente de ciudad no sería feliz sino tuviera algo de qué quejarse). Por lo mismo, somos los de la ciudad los que todavía le pedimos deseos a ciertas flores, se los pedimos porque no es tan común verlas, porque las consideramos especiales, un respiro que se da la posibilidad de crecer en el cemento.

- Deseo poder cambiar el piso de mi casa, quiero pisar más suave y menos frío.
-Deseo poder volar, elevarme a las nubes y despedirme de la acera.
-Volverme invisible o sólo visible a ciertos ojos en cierto tiempo.
-Poder dormir.
-Soñar.
-Deseo NO tener miedo a las arañas de ocho manos que te quitan la bolsa, el reloj y la tranquilidad.


Deseos de transformación, de riqueza y de ya-no-estar-triste. La gente de ciudad no tiene tiempo de estar triste; la tristeza retrasa las juntas de trabajo y distrae a los ojos para que no vean cuando la luz del semáforo cambia de rojo a verde (por suerte, el automóvil de atrás no dudará en avisarte a gritos y claxonazos que tu tristeza es tuya y no tiene por qué retrasar la vida de los demás).
La gente de ciudad desea. Desea por segundos, por instantes, por suspiros…







(tiempo para desear)









La gente anhela por naturaleza pero la naturaleza ya no es la misma. La ciudad se instaló y no tiene planes de irse a ningún lado, pero todavía se encuentran en ciertas esquinas una planta perenne que pocas veces alcanza ya, los 40 cm de altura (la gente de ciudad las arranca antes, se apresuran a desear). En ciertas esquinas todavía hay tallos que soportan flores sin hojas que varían (bastante): desde ser enteras hasta estar divididas en lóbulos triangulares y con el peciolo alado. En ciertas esquinas todavía hay Taraxacum officinale Weber. En ciertas esquinas todavía hay Dientes de León. En ciertas esquinas todavía se puede desear.
A pesar de ser una planta de deseo, el Diente de León tiene otros usos (usos que la gente de ciudad ignora y los desea), esta planta es útil es caso de hepatitis y cirrosis, es diurética y estimula la captación de luz (ayuda a ver de noche). Una planta que va perfecto en ensalada: los capullos flores, antes de abrir y con vinagre resultan deliciosos. Tanto, que son indicados para personas con trastornos alimenticios como la anorexia. También se puede beber en té y se recomienda tomar esta bebida tres veces al día para recuperarse de la anemia (¡té de Diente de León! definitivamente hay que probarlo).
Una planta que bien podría ser mágica, polvo blanco de flor que cumple deseos y por si esto fuera poco: te ayuda a ver mejor (igual y esta última característica explica la razón de por qué el que encuentra un Diente de León casi siempre encontrará más de dos en su vida)