Hace mucho tiempo que el cajón estaba vacío, la tetera apagada, los floreros sin flores; la ventana ya no se acordaba de cómo se sentía estar abierta, las cortinas habían olvidado que volar era posible y el gato extrañaba tener libros abiertos en páginas de historias increíbles que le servían de almohada. Ella –por un instante– pensó que el movimiento era eterno. Lo vio como una forma de vida, como una obligación hacia este mundo que nunca frena: abrir los ojos, correr, trabajar, salir, ver, reír, beber, contar, comprar, caminar, correr, besar, regresar, volver a empezar. Pero en otro instante –al ver una gota que se negó a caer de la rama de un árbol altísimo– se acordó: una siempre se puede quedar quieta, guardada en un cajón con una taza de té de no-me-olvides, un libro abierto, un gato en las piernas, la ventana abierta y flores en el florero.
Mar
jueves, 18 de septiembre de 2014
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Fui a la playa y cuando respiré profundo...
El mar se metió en mis venas. Lo escucho perfecto susurrándome secretos cuando pasa por mi oído. Siento el ir y venir de las olas por mis pies y a la espuma que busca cualquier excusa para salir.
El mar está adentro: la sal en la boca y en el estomago eso que sientes cuando te paras frente a él.
El mar está adentro: la sal en la boca y en el estomago eso que sientes cuando te paras frente a él.
jueves, 14 de agosto de 2014
Hoy
Hoy mi trabajo consiste en buscar conversaciones con lo que no quieren conversar, en buscar departamentos en los que no voy a poder vivir, en soñar sueños que no puedo pagar y en extrañar a muertos que no extrañan de regreso. Hoy soy del tipo de mujer sin alas y con fantasmas ajenos. Mi trabajo consiste en escribir las cosas que no puedo decir y en expresar sentimientos que hace mucho dejé de sentir. “Escribe de amor” me dijeron, pero mi último amor fue una montaña blanca de cielo encendido y la abandoné una noche helada en un país sin nombre. Se me congelaron las ganas de tener nuevos sueños y no sé por qué insisto en buscar a los que no se quieren encontrar. Hoy mi trabajo consiste en entrar a una casa que me tiene atrapada y en asegurarme de cerrar bien la puerta. Mis horas extras las paso lavando ropa que no me puse nunca y buscando las fotografías que perdí o que quizás nunca tomé.
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De cosas que una tiene que gritar
martes, 8 de julio de 2014
¿Alguien ha visto a un fantasma sin cara y sin cuerpo?
Ella se acordó de eso que no quería recordar. Se acordó del lugar exacto en donde había guardo a su fantasma, a ese secreto que juraba la iba a destruir en silencio y sin tacto. Ella en algún momento de su vida, más niña que adulta, platicando con su almohada, había creído conocer la razón de su tristeza: era un fantasma sin cara y sin cuerpo que la vio a los ojos y no parpadeó. Ella casi se pierde en lo profundo de su mirada. ¡El color la aterró! ¡La profundidad le dio vértigo! Tenía una cara invisible y horrible, un nombre impronunciable, un cuerpo que no se sentía pero que pesaba. Un fantasma que la amenazó en silencio, que respiró en su oído y que se acercó a su boca pero nunca la besó. El miedo la paralizó y lo único que pudo hacer fue esconderlo, encerrarlo bajo llave en un lugar que juró nunca iba a recordar. Ella siempre había podido manipular a su memoria.
Pero hoy el aire era distinto y el no-olvido era la llave para dejar a su fantasma en libertad.
Sintió curiosidad y lástima por aquel ente sin cara y sin cuerpo ¡tanto tiempo solo y escondido! Alejado de ella, su razón de ser. Se acercó con cautela, tenía miedo pero quería verlo a los ojos, perderse en lo profundo y explicarle sus razones. Decirle que había sido muy tonta para entender y demasiado niña para besar. La tristeza no se digiere tan rápido y para los besos se requiere fuerza, fuerza que ella no tenía. Fueron sus piernas temblorosas y las pocas ganas de sentir las causantes de todo: un fantasma aterrador sin razón de ser guardado en una caja escondida en el closet del cuarto de su hermano.
Cuando se acercó para abrirla, el corazón se le rompió en pedazos: su fantasma ya no estaba ahí.
Pero hoy el aire era distinto y el no-olvido era la llave para dejar a su fantasma en libertad.
Sintió curiosidad y lástima por aquel ente sin cara y sin cuerpo ¡tanto tiempo solo y escondido! Alejado de ella, su razón de ser. Se acercó con cautela, tenía miedo pero quería verlo a los ojos, perderse en lo profundo y explicarle sus razones. Decirle que había sido muy tonta para entender y demasiado niña para besar. La tristeza no se digiere tan rápido y para los besos se requiere fuerza, fuerza que ella no tenía. Fueron sus piernas temblorosas y las pocas ganas de sentir las causantes de todo: un fantasma aterrador sin razón de ser guardado en una caja escondida en el closet del cuarto de su hermano.
Cuando se acercó para abrirla, el corazón se le rompió en pedazos: su fantasma ya no estaba ahí.
jueves, 23 de enero de 2014
Tu vida adentro
No puedes mirar a la muerte, y verla a través de lágrimas. No trates de sacarle explicaciones con la nariz llena de mocos y palabras atoradas en la garganta. Ella sólo se reirá en tu cara, y para comprobar lo pequeño que es el llanto, irá a matar a alguien como a tu hermano.
Con la muerte no platicas. Cuando veas a la muerte cerca, saca un vestido bonito del clóset y cierra todas las puertas: estómago duro, dientes y puños apretados; tu vida adentro—bien guardada—, y la boca cerrada (no vaya a ser que se escape en palabras).
No puedes mirar a la muerte, pero puedes enseñarle que tú sigues viva; y el hecho de que se lo lleve a él no lo cambia, al menos, por ahorita.
lunes, 30 de diciembre de 2013
Respirar abajo del agua
Fragmento del libro que que todavía sigue en mi cabeza: "Mantequilla para el alma o una serie de poemas que no son poemas para niñas que pueden no ser niñas, algunas, frustradas"
Madurar es entender que no quieres ser sirena. Que aunque sea más normal, prefieres tener piernas, tobillos, muslos, sexo. Madurar es entender que no tienes que luchar contra las olas para llegar a tu casa. Que aunque duela, el amor no se mete en jaulas ni se persigue (madurar es aprender que a tus rodillas hay que quererlas más que a sus besos). Madurar es aprender que tu cuerpo no es su cuerpo, que tu mano está completa sin la suya, que tus ganas son tuyas y que saber respirar abajo del agua no hará que los besos duren más. Madurar es saber que los amores eternos duran dos años pero que puedes tener más de uno, a veces, con la misma persona. Madurar es saber que el mundo se camina y que son tus piernas y no la espuma del mar, las que te llevan.
Madurar es entender que no quieres ser sirena. Que aunque sea más normal, prefieres tener piernas, tobillos, muslos, sexo. Madurar es entender que no tienes que luchar contra las olas para llegar a tu casa. Que aunque duela, el amor no se mete en jaulas ni se persigue (madurar es aprender que a tus rodillas hay que quererlas más que a sus besos). Madurar es aprender que tu cuerpo no es su cuerpo, que tu mano está completa sin la suya, que tus ganas son tuyas y que saber respirar abajo del agua no hará que los besos duren más. Madurar es saber que los amores eternos duran dos años pero que puedes tener más de uno, a veces, con la misma persona. Madurar es saber que el mundo se camina y que son tus piernas y no la espuma del mar, las que te llevan.
miércoles, 5 de junio de 2013
De porqués
(Poema para leerse en voz alta)
No te mereces tu nombre porque lo llené de mil cosas y tú eres polvo, casi nada. No te mereces el nombre que tienes porque sólo con pronunciarlo me dan cosquillas en la boca y tú, tú no me provocas nada. Con tu partida te llevaste muchas cosas pero no las esenciales: las ganas, los recuerdos, las alas. Con tu partida callaste mis gritos y me permitiste lavar mi alma a lágrimas. No, no te odio por haberte ido.
No te mereces el nombre que tienes porque tu nombre ya no estaba cuando te convertiste en fantasma. No te mereces el nombre que tienes porque tu cuerpo regresó y se aprovechó de mi tristeza. Sólo un cobarde regresa después de haber dejado un alma en ruinas.
No te mereces el nombre que tienes porque tu nombre significa todo y tú no eres nada.
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De cosas que una siente que tiene que gritar,
para ti
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